miércoles, febrero 01, 2006

Fronteras

Hoy trabajé bastante.

Mañana con Crazy-Doc, más tiempo del habitual. El hombre está demente. “Te reunistessssss con Cecilia?”, me preguntó. “Ahora voy, me está esperando”, contesté. Crazy-Doc levanta el tono: “Mirá que a mí me rompe lassss bolasssss que para toooodooo tarden mil añossss, eh”. “Estoy yendo, doctor”. En fin, Crazy-Doc en cólera, yo rajo.

Tarde en la corporación informática. Por iniciativa propia se me ocurrió hacer un análisis de rentabilidad por cliente-abonado. Hay clientes que pagan un abono mensual. Otros llaman cuando tienen un inconveniente, se les factura por hora. Los resultados de mis investigaciones, llamativos. Le mandé un mail al Sr. Presidente. “Saque sus propias conclusiones”, escribí como referencia.

Ahora tomo un vaso de vino. En un rato, reunión con amigos/as. Antes, voy a pasar por lo de Papá-Alberto. Me hice adicto al campari. Lo tomo con jugo de naranja y hielo. Meto todo en una coctelera, lo bato. Papá-Alberto tiene un bar provisto. Papá-Alberto, de viaje con una de sus amigas extranjeras.

Un poco ebrio, pienso que los otros no cuentan, cada uno sabe de qué lado está.


Atte.

2 Comments:

Blogger ememe said...

Mejor ser adicto al Campari (16 grados de alcohol) que al fernet (45 grados), anterior adicción conocida.
Hace años trabajé para Branca y en los estudios de mercado aparecían miles de amas de casa bonaerenses que se iban poniendo en pedo despacito desde las 9 de la mañana tomando fernecitos con el pretexto de dolores de barriga o de cabeza. Es un alcohol medio nefasto porque es muy fuerte y como está disfrazado de jugo de yuyo uno se manda los vasos llenos.

febrero 01, 2006 11:19 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

creo que sin batirlo es mas rico.

febrero 07, 2006 2:02 a. m.  

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